(Español) John Henry Newman: Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria.”. Eunsa.1996.

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Aquí tenemos un conjunto de los discursos que JH Newman preparó para la Universidad Católica de Irlanda. Los capítulos más interesantes –desde el punto de vista pedagógico y docente- son, sin duda, los de en medio. A saber: el 5, 6 y 7.

Llama la atención (considerando que el proyecto contempla una Universidad Católica) como en la Introducción, Newman advierte que “la Universidad no persigue –in recto- influencia moral o formación técnica; no busca entrenar la mente en el arte o en el deber; su función  es impartir cultura intelectual, de modo que logrado este fin puede ya despedir a sus alumnos, porque ha cumplido su misión: ha educado al intelecto para razonar bien todo asunto, para dirigirse hacia la Verdad íntegra y hacerse con ella” (pg. 10). Y aclara –quizá para tranquilizar a los que dirigirían la Universidad- que “la meta de un Cristianismo bien entendido y aplicado es reunir cosas que en un principio habían sido unidas por Dios, y se han visto separadas por el hombre….Yo querría que el intelecto dispusiera de la más amplia libertad y que la religión  gozara de una libertad semejante; y querría establecer que ambas, cultura y religión, se encuentren en el mismo lugar y se encarnen en las mismas personas. Deseo que los mismos lugares y los mismos individuos sean al mismo tiempo oráculos de filosofía y santuarios de devoción. Deseo que el laico intelectual sea verdadero y devoto creyente, y que el hombre devoto sea culto y pueda dar razón de su fe”. (pg. 12).  En los tiempos que vivimos –que oscilan del fundamentalismo radical a la indiferencia feroz- no deja de ser actual el sueño de Newman. Quizá por eso advierte que “La verdad es audaz y cándida; y la falta de confianza en uno mismo en un signo de falsedad” (pg. 100).

En el capítulo 5,  El saber como fin en sí mismo, enfatiza la importancia de educar en el saber universal, evitando la excesiva especialización (que puede parecer muy útil, pero que no cumple con los objetivos de la educación universitaria) “Si su estudio se limita a un asunto, aunque esta división del  trabajo pueda favorecer el progreso en un punto particular, padecerá una tendencia a contraer la mente” (pg. 124). “Resulta una excelente medida ampliar el arco de los estudios que una Universidad enseña, incluso en beneficio de los estudiantes; y aunque éstos no puedan seguir todas las materias que se les ofrecen, se enriquecerán al vivir entre aquéllos y bajo aquéllos que representan el entre círculo de los saberes” (…) “El estudiante se beneficia de una tradición intelectual, que es independiente de profesores individuales y que le guía en la elección de sus asignaturas, e interpreta adecuadamente para él las que elige. Aprehende las grandes líneas del saber, los principios en los que descansa, las proporciones en sus diversas partes, sus luces y sombras, sus grandes y pequeños puntos, como de otro modo no lo aprehendería. Por eso se llama liberal a esta educación. Se forma con ella un hábito de la mente que dura toda la vida, y cuyas características son libertad, sentido de la justicia, serenidad, moderación y sabiduría.  Es lo que me he atrevido a denominar hábito filosófico. Esto es lo que considero el fruto singular de la educación suministrada en una Universidad, en contraste con otros lugares o modos de enseñanza. Este es el fin principal de una Universidad en el trato con sus estudiantes.” (pg  124).

¿Para que sirve todo este saber, se pregunta Newman? En el fondo, para nada…y para todo. Para adoptar una posición en la vida, pero no para nada “útil”. Así lo explica: “Saber liberal es sólo aquel que se basa en un régimen propio, que es independiente de sus resultados, que no busca complemento alguno, y se niega a ser conformado por ningún fin” (pg. 130). Por eso es liberal este saber, y no servil, porque no está a servicio de ningún fin inmediato. (como sería hacer un curso técnico, por ejemplo; o los “training programs” que vivimos hoy diariamente).

En los capítulos 6- El saber considerado en relación a la Cultura, y 7 – El saber considerado en relación con la preparación técnica continúa profundizando en esta idea del saber liberal, y de su “utilidad”. Debe buscar la educación universitaria cultivar las facultades mentales, ya que “un hombre con facultades bien desarrolladas domina los conocimientos de otros, mientras que un hombre sin esas facultades no llega a dominar sus propios conocimientos” (pg. 182). Y continúa: “Si existe un punto claro en este asunto es que el hombre que ha sido entrenado para pensar en un único tema nunca será buen juez ni siquiera en ese tema” (pg. 183) (¡¡afirmación asustadora en los tiempos que vivimos de súper-especialización!!). Explica a seguir como las ideas no funcionan como unidades solitarias, sino que se agrupan, relacionan, y educan en el juicio, y en el criterio que debe ser “el principio guía en los negocios, la literatura y el talento, que confiere a la persona energía en cualquier asunto al que decida dedicarse, y le permite captar su aspecto fundamental” (pg. 183).

En las conclusiones de estos dos capítulos, Newman vuelva en variaciones sobre el mismo tema. “Es incuestionable que los elementos de la razón general no se encontrarán completa y verdaderamente expresados en una particular clase de estudios, y q8e quien aspire a conocer ese lenguaje habrá de buscarlo en muchos libros” (pg. 184). “El entrenamiento del intelecto más conveniente para el individuo mismo es el que mejor le capacita para desempeñar sus deberes hacía la sociedad (..,) Si debe asegurarse un fin práctico a los cursos universitarios, afirmo que es el formar buenos miembros de la sociedad. Su arte es el arte de la vida social, y su objetivo es la preparación para el mundo”

El penúltimo parágrafo es unas perfectas síntesis de las teorías de Newman sobre la educación, expuestas de modo elegante.  Constituye un verdadero desafío a todos los que estamos de algún modo inmiscuidos en los desafíos educativos. Vale la pena copiarlo textualmente. “La educación es la que confiere al hombre una visión consciente de sus propios juicios y opiniones, así como la verdad para desarrollarlos, la elocuencia  para expresarlos, y la energía para proponerlos. Le enseña a ver estas cosas tal como son,  a ir derecho al núcleo, a enderezar un nudo de pensamiento, a detectar los sofismas, y a eliminar lo irrelevante. Le prepara para desempeñar cualquier trabajo con altura, y dominar cualquier tema con facilidad. Le muestra cómo acomodares a los demás, cómo situarse en  su estado de ánimo, y cómo comportarse con ellos. Se encuentra bien en cualquier tipo de sociedad, posee algo de común con cualquier clase de hombres, sabe cuándo hablar y cuándo callar, es capaz de conversar y de escuchar, puede hacer una pregunta pertinente, y aprender una lección oportuna cuando él no tiene nada que impartir. Se halla siempre dispuesto, pero nunca estorba. Es un compañero agradable, y un colega de fiar. Sabe cuándo estar serio y cuándo bromear, y posee un tacto que le permite bromear con gracia, y estar serio con eficacia” (pg. 186)

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