Cuando Pedro me Hablaba

Pablo González Blasco Sin categorizar, Sin categorizar Leave a Comment

Empezaba estas letras y le había colocado “Semblanza de Pedro”. Pero no me parece correcto. Pedro era mucho más que lo que estas líneas pueden revelar. Por eso, le he cambiado el título, y lo he puesto más personal. Son las cosas que Pedro me decía por carta. Mejor parece pues, llamar a estas anotaciones “Cuando Pedro me Hablaba”. Y así lo he hecho. Es una deuda que tengo anotada desde el 15 de Septiembre: no en la agenda, sino en el corazón.

Cuando me cambie de casa en 1988, después de 12 años en Pinheiros, cometí el error de no guardar la correspondencia que tenia de los 13 años que llevaba en Brasil. Son inconsciencias de la juventud a las que la prisa, el poco sitio, el cambio total de escena se aliaron para que no guardase lo que siempre importa, y mucho: las memorias. Hoy, sin duda, no haría eso. La semblanza que escribí de Papá –también reconstruida con correspondencias a partir de 1988- prueba que hay que guardar estas cosas. Guardarlas, atesorarlas como dicen los ingleses “treasure”, indicando que se deben guardar cerca del corazón, como un tesoro, los recuerdos, las cartas, en fin, las manifestaciones de cariño.

         Por eso, las primeras correspondencias que guardo de Pedro –las más antiguas- son un par de Cristmas de los años 79 y 85. Quizá porque me acostumbré a guardar los Cristmas a parte, y no en las carpetas ordinarias de cartas. No dejaba de escribirme, aunque reconocía que “la había pillado el toro de nuevo, y más que una felicitación de Navidad era de Epifanía”. Y en otra, con fecha de Nochevieja: “veo que sigues tan formal en esto de escribir y yo sigo tan incorregiblemente mal en este mismo punto: unos tanto y otros tan poco”. Sin perder el buen humor. ¡Nunca!. Es lo mismo que comenta en otra, con fecha de 1 de Enero: “Como ves lo mío no tiene remedio (al menos no parece inmediato). Entre el final de la 2a evaluación que siempre coge antes de Navidad y el curso de retiro del 25 al 31, estoy “fuera de juego”. Además, para más ‘Inri’, yo no le doy con fluidez a la máquina y mi letra no mejora por el momento. Vamos, que con el resto de la familia he salvado las circunstancias más o menos a tiempo pero contigo las distancias me han dejado todavía en más evidencia”.

         Otras cartas de los años 80, donde me dice “puede verse por la fecha (31-Marzo-88) que me ha vuelto a pillar el toro (expresión taurina o de encierro sanferminesco). Pero me he estado acordando mucho de ti todo el día para suplir el retraso de mi felicitación…A ver si me porto mejor en lo de escribir (no sé, no sé….la gente mejora pero no cambia)”. Esta expresión de Pedro la he utilizado después muchas veces en charlas con los amigos, con alumnos y compañeros, porque estimula a tener paciencia con uno mismo. No recordaba de donde la había sacado, y ahora veo que es de una carta de hace 20 años. Y me quedó grabado. Lo dicho: hay que atesorar estas cosas. 

De hecho, había mejoras aunque con la conciencia de que no se puede uno dormir en los laureles (“Me parece que por un año consigo escribirte con algo de tiempo para que no sea mi felicitación de Navidad otro regalo de Reyes”- 11-XII-88). Y lo que había, y siempre hubo, es el recuerdo en las oraciones, en los momentos especiales: “el día 29 de Junio he podido acordarme de mi  hermano brasileiro mientras estaba en Torreciudad, atendiendo una convivencia con gente “talludita”, de esos que han hecho la guerra (literalmente) , como se dice, de el frente de juventudes” (VII-88).  Y comenta con buen humor: “el papel en que te escribo es de lo más cutre posible; no tenía cuartillas, de modo que he partido un folio: mitad para Brasil, mitad para Madrid”.

Algunas cartas del verano de 88, donde Pedro estuvo con Mariluz en Pamplona, tienen un sabor especial, y son más frecuentes. Pedro dice que le contagia Mariluz en esto de escribir, y aprende con ella a leer Pieper, y que se está haciendo “un filósofo de afición”, mientras filosofan en comidas campestres por el campus, rememorando mi otoño Navarro.  Son estas cartas donde el filósofo Pedro empieza a mandarme citas, o mejor, me escribe por detrás de citas que había anotado en cuartillas. Así dice una, que me parece muy especial, porque es muy de Pedro (de cómo él era también); “A lo largo de los años había sabido enriquecerse con la vivencia, sin naufragar en la rutina”. Hoy, leyendo esta cita, me parece un buen resumen de la vida de Pedro, que de todo sacaba partido, jugo, vivencia, y riqueza interior e exterior, aunque a los demás nos pareciese que andaba de un lado a otro, siempre “con lo mismo”, con las oposiciones, con los cambios. Lo que a otros les cansaría a Pedro le supuso crecimiento y nos lo hacía sentir de cerca. Mezclo un comentario de la última vez que estuve con él en Septiembre de 2008. Me comentaba de una compañera que se había muerto hace algunos meses con un cáncer fulminante, con más de 60 años. “Muy atenta, muy lista –me decía. Cuando le comenté mi andar de la ceca a la meca, me dijo: Pedro, igual a ti te conviene estar cada año en un lugar. Debe ser tu misión y tu riqueza de profesor”.

A finales de los 80, empieza la fase de las “postales escogidas” que tendrás su auge después. Una con el castillo de Loarre (Huesca) fechada el 1 de Abril de 89: “Ves que llego tarde, pero sales ganando, porque los retrasos hacen que me acuerde de ti todo el día, y le he pedido a la Virgen por ti en Torreciudad”

Los años 90 vendrían inundados por las postales escogidas. Hay cartas también. Pocas, pero jugosas. En una de VI-90 Pedro me habla de amigos y alumnos suyos para que me acordase de ellos, y destaca a un “antiguo alumno, Pedro S. –todo un futuro colega tuyo médico- que de momento, en segundo, sólo saca matrículas y sobresalientes”. Este es Pedro Serrano, el médico, cardiólogo, que acompañó a Pedro en la UVI en sus últimos días. Noté que le tenía muchísimo cariño. Y viendo esta carta, me doy cuenta de cómo Pedro –nuestro Pedro- cultivaba las amistades desde hace tantos años. En uno de los emails que P Serrano me escribió últimamente me decía que Pedro nunca se olvidaba de su cumpleaños, que le llamaba por teléfono siempre, que les felicitaba el aniversario de bodas. Como siempre, los detalles.

“Siento que mis cartas no sean más frecuentes –me dice en una de Marzo de 90- pero no es fácil sentarse a hilvanar ideas, pensamientos, sentimientos y plasmarlos en papel. A ratitos estoy leyendo cosas de filosofía (Mariluz marca) y  de pensamientos, incluso poesía. Tendría que mandarte citas como a veces haces tú. (…) Aquí se notan unos tiempos más duros (de la antes catolicísima España) y también en educación, pero soplan vientos favorables del Este y de una nueva sensibilidad. (..) Que sepas que estoy bien, a veces un poco desbordado (pero más vale que ‘sosobre’ que no que ‘sofalte’), y algo cansadillo del bregar colegial –sobre todo por los “papis modernos” que se enteran menos que los nuestros, aunque también los hay muy buenos”

Las postales escogidas empiezan a todo vapor en 91. “! Qué vergüenza!: este año ni siquiera para Reyes. Lo urgente que no nos deja tiempo para lo importante, como dice Mafalda.  Echo de menos tus citas. Te mando un artículo de Delibes” (Enero 91). Frecuentemente Pedro me enviaba postales escogidos, metidos en un sobre, con recortes de periódico, con artículos, donde alguna vez anotaba algo. Otras no: lo dejaba a tu buena interpretación. Y tenías que leerle las entrelineas, lo que no era difícil. Aunque, confieso, que en esto Pedro se me asemejaba mucho a Papá: te lo decía rápido, con medias palabras, confiando en que tú sacaras las conclusiones. Las metáforas eran sencillos enunciados, con puntos suspensivos. Cabía a ti el desarrollo del razonamiento.

“Como ves me acuerdo con tiempo, pero no el suficiente. No te quejes de mi falta de novedades. No te canses de mí y escríbeme de vez en cuando. Y aquí la Sagrada Familia, para que presumas de arquitectura catalana-española (Marzo 91)” Y otra del mismo año, de Agosto, con la Virgen de Molinoviejo: “Me traje esta postal de Molinoviejo. Aquello sigue bastante parecido –a lo tonto, 19 años sin ir. He estado con algunos que se remontaban fácilmente 50 años atrás, también en Molino, con Nuestro Padre”. Y a finales de año, el Cristmas donde me dice “Espero que el tan traído y llevado 92 deje corto en tantas cosas al de hace 500 años. He visto la tertulia de Nuestro Padre en Anhembi, Brasil, ‘el país más católico del mundo’ y, claro, me acordé de ti. Encomiéndanos con feracidad y ferocidad tropical a todos

Los detalles de Pedro se plasmaban en las postales. Una del 92, de las Cavas Codorniú, con botellas envejeciendo, porque se acordaba de que yo había estado por allí en 73, y conté algo al regresar a casa. Y, con buen humor y sentido sobrenatural, continúa pidiéndome perdón por escribir poco: “Tu carta que leí cuando estuve en Madrid, me confirma que echas de menos –o en falta total- cartas mías o de Santi. Me gustaría hacerlo más a menudo pero fuera de vacaciones no es fácil. (..) El hecho es que uno se tiene que conformar a veces con la Comunión de los Santos, con quedar mal y, sobre todo, con no llegar a todo lo que se quisiera”

En Diciembre del 95, desde Valencia, me escribe contándome  cosas de los amigo, del tío Joaquín, y me pregunta cómo está el plan Brasil, para Papá y Mamá. “Vamos a ver los huesos, cuerdas vocales, y los ánimos de los dos” – me dice. Mandó varias postales desde allí, una del patio de San José de La Lloma, y otra de el Miguelete, con un poema de S. Juan de la Cruz, que le vino en mente: “Que bien se yo la fuente que mana y corre.. aunque es de noche”. Y me comenta; “Como he visto que representaban por aquí “La Revoltosa” me acordé de nuestra pirula zarzuelesca en Madrid. Bien, ¿no?”

Ordenando ahora las postales escogidas, veo que los años 96 y 97 se llevan el record. Se suceden con más frecuencia que los años anteriores, y que los siguientes. Tal vez la enfermedad de Papá que avanzaba –Pedro se daba cuenta- el viaje a Brasil con sus emociones, le tuvieron más atento al detalle de cómo querer encortar la distancia física que me separa de todos. “Mis escuetas –y también escogidas- postales, no se pueden comparar a tus largas misivas. ….Todo es una buena disculpa para mandarte esta postal de la Virgen del Pilar, donde se ve la imagen de muy cerca” (Enero, 96).  “Ya se ve por la fecha (31/3-96) ‘in extremis’ que escribo tarde pero que hoy te tengo especialmente presente, visita al Pilar incluida. Estuve en Madrid el  final de semana pasado y vi muy buenos ánimos. Tenlos también tú. Tendremos que hacer más ‘piña’ rezando, vistas las novedades: estos años nos hemos especializado en la Comunión de los Santos. Te cuento 38. Yo digo que para mí son 40 en el 2000, uno menos”.  Estoy seguro que los atrasos de Pedro en escribir, me rindieron en cambio muchas oraciones delante de la Virgen del Pilar, pues en ningún momento deja de comentarlo cuando me escribe. Yo, por mi parte, he puesto la cinta de la Virgen que me dio Mamá cuando regresé en Septiembre de España, en el coche que utilizo. Y, ¿Cómo no?, me acuerdo de Pedro a toda hora.

En Mayo de 96, me envió una postal de Cocentaina, de San Cristóbal, que le habían dado los Brotons cuando estuvo en Valencia. “Me cuesta desprenderme de ella, porque aquí tuve mi primer círculo (off-record) y mi primera conversación sobre la Obra. Veo que lo de los 40 en Brasil, de Papá y Mamá se hace difícil. Esperemos que sean los 40 y unos días (aunque suena a condena). Esta postal va con especial ‘saudade’”.

Y en Julio de 96, me escribe una de las pocas cartas, cumpliendo la promesa que me hizo: “ya hace varias postales que te prometí que escribiría y aquí estoy (..)” Me cuenta la comida de su promoción de El Prado, la Misa en los Ángeles de los 40 años de la familia González Blasco, y me dice que “les veo a todos bien de ánimo. Papá tranquilo, acostumbrado al poco pelo, y Mamá menos nerviosa. Vendrán a Zaragoza en Julio, y tal vez se queden más de un día. Como ves,  animosos andan”. 

En Noviembre, después que Papá y Mamá regresaron del viaje a Brasil, como mis cartas debían haber aumentado de frecuencia, Pedro me manda una postal de la fuente de la plaza del Pilar, donde “aunque la perspectiva podía ser mejor, se distingue Cuba, Centroamérica, y norte y centro de Sudamérica, incluido Brasil. Espero que Papá y Mamá no te transmitieran preocupación por mi desempleo (quizá sea genético –también la distancia, sólo geográfico-física). La verdad es que tengo gran tranquilidad –espero que no sea pachorra- teclas que vas pulsando, seguro de paro de dos años, cosas que haces en casas de todo tipo (tapando algún agujero o haciendo de ‘líbero’, aunque no se lleve en fútbol), encargos materiales, los apostólicos que me busco, mucho antiguo alumno y padres que pueden ser amigos, abrir huecos en la múltiple labor de Aneto, cuidar –visitar al menos- algún enfermo, estudiar (todavía poco), leer y escribir…a veces hasta ensayo poesía. Siempre agradezco tus citas: esto debe ser también de familia” (22-XI-06). Leyendo esta postal he visto la descripción de la vida de Pedro: haciendo un montón de cosas, tapando huecos, cuidando y estando con los otros. Algo que sólo se nota, cuando faltas, como me comentaron los días de su funeral en Zaragoza: “ya hemos notado que falta Pedro; ayer nadie calentó la cena”. Sin hacer ruido, con eficacia. Un ejemplo que me estimula muchísimo.

A principio de 97, me manda un par de postales del Monasterio de Piedra. De hecho, no disimulaba los gustos: Pedro era un hombre de Aragón, y le gustaba demostrarlo. Por eso, como ya os comenté, me parece adecuadísimo el cuadro que hemos puesto en la biblioteca de la SOBRAMFA con sus fotos y con el mapa de Aragón que, como os dije, me traje de su cuarto de Cuéllar. Y además de las postales escogidas, ya en esta segunda mitad de los 90, se suceden las citas, los artículos de periódico que le gustaban, con algún subrayado o anotación en el margen. Glosas, así se llaman, y así las llamaría Pedro, que era un purista de la lengua.

En una ocasión, le envié por equivocación dos veces las mismas citas en una hoja repetida, impresa del ordenador. Me devuelve la repetida, con sus anotaciones. Y comenta; “Aprovecho tu repetición para mandarte la anterior con comentarios. Nunca se escapan de la pluma y si –casi siempre- del “coração”. A seguir, anota: “Veo que según Marañón diagnosticar no es tan fácil, requiere maestros: en medicina, en formación, en cada asignatura, y en todo; maestros en la vida”. Y a seguir, un comentario que emociona conociendo ahora el contexto donde Pedro se movía en esas fechas: “No sé si lo dijo Heiddeger, Sartre o algún otro existencialista, pero esto lo dijo bien  quien quiera que fuese: ‘La felicidad no da la da hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace  (a veces lo que uno hace porque no le queda otro remedio). Y digo remedio –no alternativa u opción- porque eso arregla, remedia la situación, incluso la puede hacer alegre. Nuestra Señora de los Remedios. No es otra cosa que este punto de Surco: la felicidad no la da una vida cómoda sino un corazón enamorado”.

         Para mis 40 años me mandó dos películas: Becket, que habíamos visto juntos hace muchos años, y que sabía me gustaba. Y el corto de Garci, “Casablanca Revisitada”, que me dijo que tendría que esperar al día 31 de Marzo para verla. “Espero que hayas cumplido lo pactado y el video de Garci quede para el 31. Voy de curso anual a Córdoba y me las arreglaré para pasar por Madrid. Papá, como siempre, está más preocupado con nosotros que con el cáncer, y no le hace caso al médico de familia que le receta pastillas para dormir. ¡Te lo digo para que se lo dejes caer!”. De hecho, en Abril me mandó una postal de la Virgen del Rocío: “ésta es de la excursión de ayer, con romería al Rocío y comida y baño en una playa cercana, Os tuve a todos presentes ante la Blanca Paloma”. Y otra donde me decía: “Finalmente pude cumplir lo prometido el 31-III-97: después de sellar la tarjeta del paro, fui a Misa al Pilar y a rezar a la Virgen por ti”.

         En Septiembre de 97 Pedro me manda un artículo que ahora me ha dado que pensar. Es sobre Nuestro Padre, y se titula: “Josemaría Escrivá, un gran corazón”. La autora recoge una cita que a Pedro le encantaba, porque varias veces me habló de ella. “Un autor inglés definió  la enfermedad que nos aqueja como la ‘atrofia del corazón’. ‘Hacemos hombres sin corazón y esperamos de ellos iniciativa. Nos reímos del honor y nos extrañamos de ver traidores entre nosotros. Castramos y exigimos a los castrados que sean fecundos”. Pedro coloca un * y anota: “no te pierdas el primer capítulo de este libro de Lewis (Abolición del Hombre), que se llama ‘Hombres sin corazón’. Es de lo mejorcito  que he leído”.  Me escribe por detrás, “a vuelta de fotocopia, porque si no veo que no te escribo. Te mando también unos recortes de periódico (4-VII-97), tren hacia Madrid, de madrugada, homenaje a Papá que nos enseño a querer el buen cine, sin olvidar, como también él recordaba, que la vida supera al arte. (…) Te mando las señas de mi amigo casi cardiólogo para que practiques de manera sana medicina a distancia”. De hecho, me manda las señas de Pedro Serrano, al que sólo fui a conocer este año en las circunstancias que sabéis, cuando acompaño todo lo de Pedro. Vuelvo la hoja y me encuentro con que la autora acaba su artículo sobre Nuestro Padre diciéndole que el corazón le desbordó el día 26 de Junio. Y recuerdo el comentario de Vicente, que estuvo con Pedro en Pamplona los días antes de su muerte, sobre como Pedro tenía un corazón enorme. Y pienso que leemos las cosas, y no nos enteramos, por lo menos yo.

         Y ese es justamente el título de uno de los artículos de Julián Marías que Pedro me envió algún tiempo después. “He cambiado las postales escogidas por los artículos selectos, porque si no recuerdo mal me comentabas en alguna carta o le pedías a Papá en alguna que leí en Madrid, artículos de Julián Marías. Tengo varios: te los iré enviando, mientras busco trabajo (de lo que tenemos también larga experiencia de Papá en el asunto, Aragón incluido). Vi a Santi, que vino a comer un día por aquí. También a Juan y Beatriz. A Mamá y Mariluz las veo un poco más intranquilas con la situación, de modo que tú ¡no dejes de infundir paz en tus cartas!”

         Releo ahora el artículo de Julián Marías que se llama “Sin enterarse”. Un primor, como siempre. Habla de los que pensando que saben, los “semicultos”, que continúan sin enterarse, porque supondría examinarse y rectificar. Sienten malestar, se ven en falta, y encuentran más fácil rechazarlo todo que informarse y pensar. Un descontento que lleva a la actitud de consolarse con ‘el mal de muchos’, a admitir que son así porque son españoles. (..) Por eso –dice Marías- lo esencial es enterarse y por eso confío en esa modesta operación, tan humana, que se llama pensar”. Pues lo dicho, que no me enteraba mucho de que Pedro me había pedido varias veces para entrar en contacto con su amigo, cardiólogo. En un pedazo de papel que conservo me las anota de nuevo: “Perdona lo cutre del papel pero ahora no tengo tarjetas ni papel mejor a mano. Te mando las señas de mi amigo cardiólogo con quien no vendría mal que intercambiaras experiencias”. Ahora, releyendo todo esto, anoto en mi agenda que tendré que escribir a Pedro Serrano largamente diciéndole que estoy con 10 años de retraso, por mi culpa, porque no me había enterado. Y entiendo todo el cariño y sufrimiento de este hombre los últimos días de Pedro: se lo había ganado muy bien, era un gran amigo suyo.

         El año 98, desde Madrid me manda una postal inédita. Una foto de un individuo vestido de buzo (como quien va a hacer pesca submarina) que se encuentra con los amigos en el coche vestidos con trajes de equitación, y dice ‘Gracias por avisarme’. Parece que es de movistar, y debajo de la foto se lee; ‘la próxima vez, entérate de todo’. Pedro me dice: “la postal puede parecer no escogida pero lo es. Refleja muy bien mis tres últimos años”. Se le nota el humor, aunque sabíamos que lo estaba pasando mal con todo el tema del trabajo. Y rápidamente, remonta; “He ido guardando los recortes de periódico. Espero que te gusten” Leyendo ahora estas correspondencias del 98 y 99 veo que se preocupaba más con la preocupación de todos, que con él mismo que, de verdad  no lo parecía, porque encontraba lo que hacer, y siempre era algo que tenía que ver con cuidar de los demás. Quizá las cartas transmiten una serenidad que los que lo habéis visto ‘en directo’ no la teníais. Y puede ser real.  Recuerdo que cierta vez, estando yo en Pamplona en 87, Mariluz me comentó: “Nada como las cartas para transmitir serenidad. A uno mismo, y a los otros”. Siempre me he acordado de ese comentario, y lo he comprobado. Cuando uno escribe, las cosas se encajan mejor, se vuelven serenas. Quizá por eso estoy yo escribiendo todo esto, en el tiempo libre que me brinda este curso anual.

         Cierro la correspondencia de la década de los 90, con un par de artículos que Pedro me mandó –como prometía- de Julián Marías en ABC. Siempre son fotocopias, anotadas, subrayadas, comentadas. Nunca el artículo a palo seco, sino con la substancia que Pedro le ponía, como apuntando lo que interesa. Uno es sobre los estudiantes, algo habla de la movida, pero Pedro subraya la relación con el profesor: “El estudiante debe partir de la idea de que los profesores son sus colaboradores, los que les prestan el servicio más estimable y  delicado: la actitud normal debe ser de confianza, esperanza, amistad. Es la manera de que el profesor sea estimulado por sus discípulos, en dialogo con ellos, en una relación a activa por ambas partes, con distintos papeles”. No puedo olvidar la cantidad de alumnos de Pedro con los que nos íbamos encontrando por la calle, siempre que he estado con él en Zaragoza, o en otros lugares de Aragón. Continúa el artículo: “El reverso es la exigencia de dos cosas: dedicación y calidad. Si el profesor no cumple con rigor sus deberes académicos, si no posee el conocimiento necesario, si no sabe expresarse, si no tiene a su vez vocación, será un profesor deficiente, y los estudiantes deberán hacérselo notar (…) Tengo una convicción cada día más arraigada: que las cosas se arreglan ‘de dentro a fuera’”. Y aquí un subrayado todo especial de Pedro.

         El otro artículo se llama Testimonio de Gratitud, y Pedro subraya algunas frases: “Tengo inmensa gratitud a muchas personas que me han dado, o me siguen dando, lo que me ha permitido vivir decorosamente, hacer la mayoría de las cosas que tienen algún valor y, sobre todo, ser feliz en grandes porciones de mi vida o conseguir algunos islotes de felicidad cuando aquello ha dejado de ser posible. Siempre he tenido esto presente y cuando he recordado y contado mi vida he ido señalando en la medida en que podía hacerse esa larga serie de deudas”. Y al lado Pedro anota: “Vivir endeudado de gratitud”. Creo que el párrafo de Marías se lo aplicaba personalmente.  Y aquí un recuerdo personal. Cuando en 2004 organizaron aquella conferencia sobre cine en la librería –Diálogo, creo que se llamaba- donde hubo  charla animada pero no cine, un amigo del colegio que ahora es director de cine entre otras cosas, me dijo: “Pablo, tu cuentas tu película con las escenas de otro”. Mariluz también me lo comentó alguna vez: “Veo que insistes en contar tu vida con películas que otro ha hecho”. Y digo esto porque me parece que Pedro contaba su vida, sus sentimientos, también con los textos de otros. 

         El año 2000, Pedro me escribe desde Badajoz, para felicitarme: “Como dice el encabezamiento y rezaba una canción de los 80 de Miguel Ríos, vivo en la carretera.  Como ves esta postal es de este verano: poco tiempo para escogerlas, y para escribirlas después, claro. Un sitio para vivir, otro para trabajar, otro donde uno hace labor….Pero no me tengas en cuenta esto, ni te preocupes. PD: a ver si te mando próximamente citas empolvadas por los años, pero luminosas por el contenido. ” (31-III-00).

         El Cristmas del año 2000 me lo manda a Madrid, donde como os acordáis pasé ese final de año. Había dejado Huesca, el Instituto Gracián, y me dice que el destino le montaba la ironía de que durase poco, por aquello de que “lo bueno, si breve, dos veces bueno” (sentencia conocidísima de Gracián).

         Al año siguiente, 2001, en Torreciudad, contándome los proyectos nuevos de Ainsa, donde iría a dar clases el próximo curso. “Me guardé tu carta, por el comentario de Mamá: veo que te diviertes, espero que des clase. Y eso me recuerda que Papá comentaba una vez que D. Tomás Alvira contaba de un profesor que preguntaba a los alumnos al final de la clase: ¿Os lo habéis pasado bien?”. Ya se ve que divertirse dando clases era algo natural para Pedro. Y si no había diversión, es posible que la clase le dejase a desear.  Insiste en lo mismo en otra postal de ese mismo año, con cuatro vistas del Valle de Tena (Huesca) “Como ves no es fácil seleccionar, ni películas, ni textos, ni postales. Sin ir más lejos este fotógrafo no sabía con cual quedarse y van las cuatro en una. Oye tu ¡no me cites mal en las cartas familiares! Yo digo –y este año lo he conseguido- que hay que pasárselo bien dando clase, y también los alumnos (suele ir parejo)”

         La primera que me llega de Teruel, con fecha de Marzo, y con tiempo: “Este año –todo centenario- me salva de mi nulidad en lo de escribir. Esto sí que es felicitar el cumpleaños con tiempo (1-III-02). A ver si voy conociendo los 12 o 14 pueblos de los que tengo alumnos. A parte de Mora de Rubielos, y Rubielos de Mora, que es algo así como “Tanto monta, monta tanto”. En otra posterior, del patio del Castillo de Mora de Rubielos, comenta: “La medicina y el cine nos persiguen. El Instituto se llama “Segundo de Chamón”, y algún cuadro dice que es el mejor operador de trucos cinematográficos de todos los tiempos…Imagino que cuando no se llamaban efectos especiales. En Calamocha las postales lucen el lema: Calamocha es  todo Jamón. Esta del palacio es más selecta”.

         En 2003, las cartas vienen de Huesca, aunque el trabajo sigue en Teruel por lo que entiendo. “Sin tener tantas ocupaciones como el doctor/profesor se me va la vida en viajes, ‘infraestructuras’ en Teruel, comidas y alojamientos. Luego en preparar Biología y Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente (las dos asignaturas de 2 Bch. y COU) que no había dado nunca. Y luego me lleva tiempo el que el maletín-bolsa o similar de Mary Poppins siga lleno de libros, folletos, artículos interesantes, con claro predominio femenino este curso (17 de 19, y 26 de 32). Es lo que me ha salido, al decir de mis alumnos en la caja de bombones de Forrest Gump de este curso.  Vamos muy bien y habrá científicos/humanistas. Cuento con tus rezos tropicales por el viejo continente: Huesca y Teruel”.  Ese mismo año, me llega una postal de la Virgen de los Desamparados de la LLoma, donde estuvo Pedro en esas fechas. “Más fuego, más viento: lo último de Tamaro. No te lo pierdas”.

         Desde Huesca “La postal no es muy selecta, pero si con denominación de origen Aragón. Es deducible con qué hizo Ramiro el Monje el ‘badajo’ de su sonada campana. Te puede servir de industria humana. He acabado un par de libros de cine, se los pasaré a Santi por sus 40, y que después te los mande”. Y otra, en Abril desde Torreciudad en Otoño: “Los colores de otoño no se ven en Brasil. Me lo sigo pasando bien en clase cuando me deja el gobierno ‘monocolor’. Acabo de repescar ‘Vida con mi amigo’ de B Jacobs, (su amigo es su marido). Ideal sobre el concepto de triunfo para el poeta, o el artista, o el humanista. No le importa quedar en segundo. La providencia hace rezar sin  intranquilidad. Debería decirte ¡cuídate!, al modo de Papá. Pero se –¡qué suerte!- que lo hacen los de alrededor ¿no?” Y, ese año, me envió un Cristmas de Torreciudad con los dolores y gozos de S. José: “De todos los Cristmas con denominación de origen Torreciudad éste es el que más me gusta. Por aquí, Ainsa y los charlas en la EFA muy bien. Recibí y disfruté de tus postales (México, Florida). Todavía tengo unos días de clase por delante, pero el ambiente es relajado y el paisaje ‘de vacaciones’ todo el año”  (Navidad 2004).

         En 2005, desde Torreciudad me llegan las postales escogidas con paisajes inéditos para el Brasil: el Monte Perdido nevado. “Otra cosas que no cambia con los años o en todo caso mejora, es que sigo mirando poco el correo-e.  Recuerdos a todos los “médicos da  familia”. Y el Cristmas de ese año, también denominación de origen Torreciudad: “Me acuerdo de ti mucho más de lo que parece ¿Qué no se nota? Espero que si…Una muestra es este artículo y muchos más que voy guardando para ti, Marcelo (abrazos fuertes) y CIA. Muy feliz Navidad y que Jesús Niño y la Sagrada Familia apoyen convenientemente vuestra ‘Family Medicine’. Un abrazo muy fuerte con saudades”. 

Ahora no sabría decir exactamente a qué artículo se refería Pedro, pues los fui guardando todos en una carpeta separada. Lo que si guardé junto con sus postales son un par de fotos de la imagen de la Virgen del oratorio de Aneto, que me parece mandó para toda la familia. En una de ellas me escribió: “Sobra dedicatoria. Esta foto y sobre todo esta imagen se dedican a sí mismas. ¡Aúpa Brasil!” Cuando estuve en Zaragoza los días finales de Pedro, me comentaron que esta imagen de Aneto es una copia que Mainet (el escultor, también responsable si mal no recuerdo por el retablo de Torreciudad) había hecho esta imagen para algún lugar más importante, pero que Heliodoro, que es su amigo, consiguió el molde, hizo una copia…En fin, mejor no comentarlo mucho. ¡Y menos ahora!, porque me he enterado de donde está la original: ni más ni menos que en la Casa de Retiros de Australia, y he visto fotos –imagino que vosotros también- de Benedicto XVI rezando delante de esta imagen a la que Pedro tenía devoción especial. El Papa comentó, según me contaron, que le había encantado la imagen. De hecho, en mi casa, un día mientras hablaba de Pedro, enseñé la imagen en la tertulia, a la gente le encantó….Y algunas semanas después, alguien me dice: “Da un vistazo a la última Crónica y verás donde está la famosa imagen”. 

En agosto de 2006, me manda una de Montserrat; “No son los panes de azúcar de Rio, pero no está mal. Ya estás al caer, quiero decir, al venir” Fue el viaje donde estuvimos primero en Florencia y pasamos por Madrid después.

Mis 50 me los felicitó “con un tarjetón de Papá que yo también rescaté. No encontré postal mejor. Ya más de 50 años de empresa en marcha y que funciona. Buena edad cincuenta (cuando el sol ya pega por la espalda) para seguir enseñando, escribiendo, curando y previniendo enfermedades mediante la escucha. Recuerdos a tus médicos-alumnos y “sobramfas”.  Sigo bien leyendo y estudiando. Te iré mandando cosas de las que supongo útiles en educación”

En Junio de ese año, me manda una tarjeta de los 40  años de Montearagón “porque te hará ilusión”. Veo que es un acto donde se le impone la beca a un profesor y también hay una Misa por los antiguos alumnos fallecidos. Y no entendí por qué Pedro me decía: “Aquí tienes las postales escogidas y al que escoge las postales”, pues las fotos que allí constan non conseguí localizar a Pedro. Sigue anotando: “Todavía no sé qué haré en verano. Lo de un artista es improvisar dentro de lo que te dejen.” Y junto con esta me manda una de Molinoviejo “que te hará no menos ilusión si te remontas 35 o 36 añitos ¿eh?

La última felicitación de Navidad, de 2007: “Muy queridos Pablo y todos: siempre os tengo presentes y noto a la SOBRAMFA muy cercana. No digamos desde que sus enseñanzas llegaron a Teruel. Qué Jesús Niño os colme de Esperanza en 2008”. Y la última postal, desde Artacea, Pamplona, donde estaba haciendo su curso de retiros: “Muchas felicidades por los 50 + 1.  Me dicen que vendrás en Abril. ¿Habrá bis en Teruel?”. Y de hecho lo hubo, como sabéis, pues di una escapada con Daniela, y pude repetir la clase a los alumnos de Pedro que, una vez más, noté lo mucho que le querían.

Son muchos los artículos que Pedro me envió. Me he traído algunos, pocos, junto con las postales escogidas y el resto de la correspondencia. Quizá porque los había archivado junto con ellas. Escojo tres que me parecen “muy de Pedro” para concluir esta tarea que considero un deber de cariño: para con Pedro, para con toda la familia. Y quizá para conmigo mismo.

El primero se llama Cerrado por Desfile. De una autora, Mónica Fernández-Aceytuno, que me consta le gustaba a Pedro. Me dice: “esta chica escribe muy bien, al natural”. Sin duda, Pedro lo guardó pensando en sus alumnas –numerosas- y quizá en las mías. Ya se ve que el público femenino en lo docente es también asunto de familia. Dice la articulista: “Si hoy preguntáramos a las niñas de la ESO ¿qué os gustaría llegar a ser? nos daríamos cuenta de que ya no quieren ser abogadas, antropólogas, economistas….las niñas quieren ser modelos. Aprender, estudiar, comprenderé, profundizar, ya no es un sueño, es sólo un por si caso no se llega a las pasarelas: con tanta exaltación de la moda, las niñas están creciendo con un chicle pegado en el cerebro, con una marea rosa en las neuronas. (…) ¿Cuándo nos daremos cuenta de que siempre será mejor darle vueltas a una idea mientras limpiamos los cristales, que trabajar sin ideas, sin aportar nada nuevo, nada nuestro, ningún matiz femenino, a lo que hacemos?  Hace unos años conocía una señora que no tenía arrugas en la cara. Con mucho esfuerzo había conseguido que emigraran todos sus gestos, y no tenía llanto, y no tenía risa: y no tenía nada. Para una foto, su cara era perfecta; para la vida, su cara era la muerte” El artículo continua y no tiene desperdicio.

El otro es de Innerarity, “Libertad como pasión”, y se nota que a Pedro le gustaba. Dice así, al final: “Van como locos – podría ser el título de una poesía en la que alguien trato de detener desesperadamente a quienes están en la realidad siempre de paso. Decía más o menos así;

Hacer cola en una parada de autobús es más provechoso

Que leer mil manuales de sociología convencional

Toda la prisa del universo se ha condensado en el rostro

De una vieja correosa que espera ingenuamente

de la amabilidad de unos macarras un asiento.

Una gorda cuarentona empuja pues tiene prisa:

le espera en casa la paliza de un marido en  paro

Un joven se cuela con astucia de adolescente:

Ha de llegar puntual a un examen que no aprobará

El ejecutivo maneja con habilidad los codos:

Está ansioso por firmar el contrato de un negocio que será su ruína

A otra que le sobran varias capas de maquillaje

la ha citado su novio en un pub inexistentes

Si, tenía razón aquel profesor-poeta de religión

Por la antesala del cielo pasará un autobús

Sin indicación de destino y pocas plazas libres.,

al que sólo accederán los impacientes, los listillos,

los versados en el arte de empujar sin perder la compostura

Su recorrido será infinito y al calor insoportable se añadirán

los rugidos de un ejército de sobacos enfurecidos

todos los empujones de la historia acelerada

y los pisotones de todos los tiranos que en el mundo han sido

Unos minutos más tarde un carruaje de ángeles.

Conducido por el ex paralítico de la piscina probática

Patrono de los que llegan siempre tarde

Recogerá a los pacientes, a los empujados, a los perdedores.

Sobran los comentarios, que me imagino haciendo a Pedro, y que seguro nos los hizo, personalmente varias veces. Y, finalmente, un poema que se titula “De amigos ando bien”. Dice así:

         De amigos ando bien y me gusta enseñarlos

En álbumes de fotos y hacerlos coincidir

Y que se den sus números de teléfono, que tengan

Entre ellos un trato. De amigos ando bien

Y hacen lo que quieren de mí, sin consultármelo,

Que vienen a mí me cogen el peine

Y se peinan, y me ponen los versos perdidos

De afecto, y se resbalan en este corazón

Que es su casa. De amigos ando bien, si no yo

De que iba a dármelas, de qué, si ellos suelen

Mostrarme  a las visitas y hacerme coincidir

Con sus otros amigos, y andan ocupados en mí

En si me peino, en si estoy o no cómodo, si salgo

En mangas de cariño o si llevo o no el cuello

Rozado de quererles. De amigos ando bien

Y me noto importante, tal vez algo más gordo

De ser feliz, por eso me quedan las camisas

Estrechas y me sale un brillo en la mirada

Sólo porque de amigos ando bien, si no vedme

Sentado a dos asientos o intentando alcanzarles

La luna, que me son leales y culpables

De todo: de peinarme así,  como más guapo,

Y perderme en mis versos e irme de teléfonos

Y fotos y visitas y dármelas de qué;

No sé, culpables, ellos mis amigos. ¡En serio!

Al final me dice. Esto es de Carmelo Guillén. No es Pessoa pero no está mal “Lo que vemos no es lo que vemos”. Releyendo todo esto, pienso que Pedro era así, lleno de amigos, y de desvivía por ellos. Tuvimos comprobación de esto es su funeral y notamos lo mucho que era querido por tanta gente. Comenté con Mariluz que los detalles –en lo que Pedro era especialista- es un tipo de curriculum vitae que no lo notas, que no puedes apuntártelo, pero que se queda en el corazón de los otros. Y esos, los otros, los amigos, si lo notan, y ¡cómo!

         Y acabo aquí estas líneas. En  mi agenda-teléfono tengo guardado, desde el día 17 de Septiembre, la respuesta al mensaje que envié a Juan Eguidazu, de la delegación de Zaragoza, agradeciéndole todo el cariño de todos. Me contestó, y no quise apagarlo, y no sabía por qué. Ahora entiendo que puede ser el final de estas letras, para que todos lo leáis. Y, ahora sí, lo apagaré porque esto que tenía pendiente, ya está cumplido.  “Muchas gracias a toda vuestra familia que también nos habéis ayudado mucho en estos días de dolor. ¡Cuánto hemos aprendido! Y no lo digo por decir. Un abrazo. Juan”

         Un abrazo muy fuerte, seguro de que Pedro también habrá disfrutado a mi lado, mientras tecleaba todo esto en el ordenador, recordando tantas cosas de cuando me hablaba.

                                                         Pablo,

Chácara dos Pinhais

Curitiba, PR, Brasil.

Diciembre de 2008.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.